La adopción no hace borrón y cuenta nueva en la vida del niño. Los niños vienen con una carga de experiencias, positivas y negativas, nuevas y desconocidas para nosotros.
La adopción constituye un vínculo legal entre adoptante y adoptado exactamente igual al que se forma a través del nacimiento y con él se rompe toda vinculación jurídica anterior. En definitiva, a los ojos de la ley, es como si el niño volviera a nacer en su nueva familia. Desde esta perspectiva, ser hijo adoptado sería, a partir de este momento, exactamente igual que ser hijo biológico.
Pero a veces nuestra fantasía nos hace pensar que la adopción hace “borrón y cuenta nueva”, no sólo legal sino también vital, y que en el momento de llegar a casa desaparece todo lo que el niño era antes de conocernos, y no es ni debe ser así.
Por muy pequeño que sea el niño, incluso cuando es recién nacido, siempre traerá consigo un trocito de historia que no ha vivido con nosotros.
En la “mochila” el niño puede traer retrasos en el desarrollo, algunos recuerdos, una historia, modos de comportarse, un origen biológico, la pertenencia cultural, los rasgos físicos de aquellos que le vieron nacer… Algunas de estas cuestiones están cargadas de sufrimiento y otras, aunque positivas, son desconocidas y nuevas para nosotros.
Cuando la mayoría de los bebés nacen, todo lo reciben de su familia y su familia conoce, o cree conocer, todas las claves de su biología y de su historia. La familia es el único contexto en el que vive y, poco a poco, se va integrando en el sistema que lo acoge. Sin embargo, los
primeros momentos de la adopción se parecen más a un matrimonio que a un nacimiento: en ella unas personas que traen sus historias, sus modos de relación, sus costumbres y sus heridas se unen para formar una nueva familia. Tanto los padres como el hijo tendrán que poner sobre la mesa su historia previa para construir una nueva familia en la que quepan todos, adoptándose y adaptándose mutuamente, y esto será más cierto cuanto más larga
o más intensa sea la historia que el menor ha vivido. El modo en que la familia afronte estos retos será definitivo para que, más allá de los papeles, se construya una familia.
Adoptar al niño será también reconocer, aceptar y cargar con su “mochila»
Adoptar al niño supondrá entonces, no sólo desear ser su padre o su madre desde el momento que llega a casa, sino también hacerse cargo y aceptar ese trocito de vida que el niño trae consigo y del que nosotros no hemos formado parte, ayudarle a cargar con su “mochila”, a sacar de ella todo lo positivo y aligerar el peso de lo que haya de doloroso y de negativo. Esto supondrá entender que:
- Los niños no sólo no vienen de la nada sino que vienen de situaciones vitales generalmente dolorosas, estresantes y llenas de carencias, y no podemos negar la dificultad que han podido suponer para el niño estas vivencias.
- Los niños tienen derecho a conocer su historia, la que vivieron antes de llegar a su familia actual, la que condujo a su familia hasta ellos y la que han vivido desde que están en su familia. Tenemos que estar abiertos, no sólo a comunicar al niño el hecho de que es adoptado sino a asumir el compromiso de acompañarle en la reconstrucción de su historia personal cuando él lo necesite.
- Aunque la adopción rompe con los vínculos legales que el niño tiene con su familia de origen esto no quiere decir que la familia no exista. La mayoría de los niños no son huérfanos de padre y madre sino que tienen una familia a la que se ha retirado la patria potestad o que no ha podido hacerse cargo de sus hijos. Muchos de ellos han vivido cierta etapa de su vida con esta familia y algunos la conocen y la recuerdan, e incluso han tenido contacto con ella mientras permanecían en la institución.
- Aceptar al niño será aceptar también que sus padres biológicos van a “formar parte” de nuestra familia. Esto no significa que vayamos a entrar en relación con ellos sino que, durante más o menos tiempo y con más o menos fuerza, el recuerdo, la reconstrucción o la imagen de “otros padres” formará parte de la vida de nuestro hijo. Es importante que el niño sienta que no entramos a competir con sus sentimientos hacia ellos, que estamos seguros de nuestro papel y de su lugar a nuestro lado, para que nuestro hijo, como ya hemos hecho nosotros, también pueda decir adiós.
- La historia del niño también se va a manifestar en su modo de ser y de comportarse. La historia no es sólo una cuestión estática que ha quedado en el pasado sino que, parte de esa historia, pasa a formar parte de las características y el modo de actuar de mi hijo y le va a influir en su vida cotidiana. Es importante estar dispuestos a leer en la conducta de nuestros hijos la huella de su pasado, aceptar esas huellas y tratar de cambiar aquellas que le hacen la vida más difícil.
- En la “mochila” el niño también trae una herencia cultural y étnica que se juntará y entrecruzará con la herencia cultural que recibirá de nosotros. Aunque nosotros no formamos parte de su cultura de origen y no podemos transmitírsela, sí que será importante que nuestro hijo sepa que valoramos esa cultura, que reconocemos aquello que tiene de positivo y que estamos orgullosos de su procedencia para que él también pueda estarlo. Por eso en la elección de país tendremos que tener en cuenta hasta qué punto sentimos cercana la cultura y el país de origen del que será nuestro hijo, desvelar los restos de racismo que haya en nosotros y asegurarnos que podremos presentarle una imagen positiva del mundo que le vio nacer.
- Por último, que el niño exista y que ya haya vivido un primer abandono, también significa que nosotros no podemos decidir por nosotros mismos si tenerlo o no, sino que sólo podremos ofrecernos por si algún niño nos necesita como padres. Los encargados de la protección de menores son los que tienen la obligación, en nombre de la sociedad, de cuidar de los niños, estudiar si necesitan una familia y elegir la familia que es más adecuada para cada uno. Tenemos que tener siempre presente que la adopción es un derecho de los niños, no de las familias, y que las administraciones están, al fin y al cabo, haciendo todo para velar por el que puede llegar a ser mi hijo.
(Texto extraído de «Adopción Internacional en la Comunidad de Madrid. Guía para orientar a las personas que estén pensando adoptar un niño en el extranjero«. Comunidad de Madrid. Consejería de Políticas Sociales y Familia)
No pagamos por un niño. Un niño no tiene precio.
Durante el proceso pagamos por documentación, traducciones, legalización, trámites, formación…pero no pagamos por un niño.
Incluso cuando pagamos al orfanato, no estamos pagando por un niño, estamos pagando una tasa que permite al la institución seguir trabajando en el cuidado de los menores que aún viven en ella.
Pagamos por los trámites del proceso.
Si un niño no es un bien de consumo implica que no lo podemos devolver. El artículo 180 punto 1 del Código Civil recoge que la adopción es irrevocable. Si nos echamos atrás con la adopción, una vez que el menor está con nosotros o se ha hecho firme la sentencia, no lo estamos devolviendo, lo estamos abandonando ya que somos sus padres.
Es muy importante ser conscientes de la responsabilidad que adquirimos al iniciar este proyecto ya que el compromiso es para toda la vida.
Jurídicamente el hijo adoptado es exactamente igual que el hijo biológico, y sus padres tienen los mismos deberes con él que tendrían con los biológicos. Ser padre o madre adoptivos es ante todo ser padre o ser madre. El proyecto de adopción es un proyecto de familia, aunque constituida por una vía distinta a la habitual. Es un proyecto para toda la vida, tan permanente como el de la maternidad o la paternidad biológica.
Adoptar es facilitar una familia a un niño.
Siempre pensamos en la adopción como un camino para la paternidad, pero nosotros no somos los protagonistas de este camino, porque la verdadera finalidad de la adopción es proporcionar protección a un niño desprotegido.
«Para estos niños y niñas es crucial asegurarse de que de ninguna manera se van a repetir experiencias de negligencia, abandono, rechazo, maltrato, falta de estimulación y carencia de amor. Por el contrario, lo que estos niños y niñas necesitan son experiencias que vayan en sentido totalmente contrario y que les ayuden a superar las posibles secuelas de la adversidad previa. Es evidente que no todas las personas están en condiciones de ofrecer este ambiente familiar estable, positivo, reparador y constructivo.» (Jesús Palacios, 2010)
Por esos motivos se realizan las valoraciones de idoneidad, pero aún con idoneidad positiva, debemos realizar un ejercicio profundo de autoconocimiento y autocrítica para asegurarnos que no vamos a renunciar una vez iniciado el camino.
«Adoptar implica, pues, la capacidad para trabajar con profesionales, para ser valorado por ellos, pero también para recibir su ayuda y su apoyo. Estar abiertos a esa relación y, si se necesita, estar dispuestos a pedir ayuda y a dejarse ayudar a favor del menor adoptado y de toda la familia es una demostración de que se está en el buen camino para ser padres y madres adoptivos.» (Jesús Palacios, 2010)
Lo querremos igual, eso es indudable, pero la incorporación de un hijo adoptado a la familia no es igual que la de un hijo biológico. Los hijos adoptados tienen más necesidades que los hijos biológicos, es decir, no sólo tienen las necesidades de los hijos biológicos, sino que tienen necesidades añadidas.
Afrontar la paternidad adoptiva implica una serie de retos y dificultades especiales para los que es necesario estar preparado, ya que supone hacerse cargo de forma permanente e irrevocable de un niño que ha sufrido una experiencia de abandono y que, generalmente, tiene ya a sus espaldas una historia difícil.
Es necesario asegurarse de que quienes se van a hacer cargo del menor están preparados para ello, y aprovechar la oportunidad que brinda la adopción, y que no existe en la paternidad biológica, de elegir para cada niño a los padres idóneos de entre todos los disponibles.
La adopción es siempre una apuesta por y una aceptación de la incertidumbre, porque por más información que se tenga (que normalmente no), la evolución posterior del niño o la niña no está escrita en ningún sitio. Se podrá argumentar, en parte con razón, que eso mismo ocurre en el caso de la maternidad y la paternidad biológica. Sin embargo, en este último caso se tiene mucha información sobre los antecedentes familiares, sobre el desarrollo del embarazo y el parto, sobre las circunstancias en las que han transcurrido los primeros meses o los primeros años del niño o la niña. Claramente, la incertidumbre existe, pero está más atenuada.
«En el caso de la adopción (y muy particularmente en el caso de la adopción internacional), la información sobre todos esos extremos es mucho más limitada o es inexistente, lo que hace el pronóstico de futuro más incierto.
La evolución del niño o la niña va a depender en grandísima medida de las relaciones que sus adoptantes mantengan con ellos, de la estimulación y el cariño que les den y de la forma en que les ayuden a resolver las dificultades que se les puedan plantear. Pero puede también depender de los antecedentes del menor, de sus experiencias pasadas y de la huella que sobre él dejaron.
Adoptar es aceptar esta incertidumbre e incorporar a una familia la historia vital de aquellos a quienes se adopta, tanto la historia pasada como la que está por venir. Adoptar es hacerse cargo de todo eso desde la muy especial responsabilidad que significa ser padre o ser madre, que además se es para siempre.»
(Texto extraído de Jesús Palacios «La Aventura de Adoptar«2010 Ministerio de Sanidad y Política Social)
La adopción parte del deseo de ser padres pero, muchas veces, no tenemos una idea muy clara de cuál será nuestro papel como tales y cómo cambiará nuestra vida cuando llegue el hijo tan esperado.
- Ser padres es querer y educar. Es indudable que los niños necesitan mucho cariño para crecer, pero a veces nos confundimos pensando que eso es lo único que necesitan los niños que han sido abandonados.
También necesitan protección, límites, orientación, supervisión. Ser padres es querer educando y educar queriendo.
“Tenemos que tener en cuenta lo que piensan y sienten otros miembros de la familia” - Ser padres significa ayudar a crecer. No es sólo cuidar de un niño pequeño, sino también del adolescente en el que se va a convertir, del adulto que se marchará de nuestro lado y quizás nos haga abuelos… La adopción, como toda paternidad, es una experiencia que abarca toda la vida.
- Ser padres es considerar al niño como “uno de los nuestros” y sin embargo ayudarle a ser él mismo. Es sentir al niño como propio, sentir como nuestros sus éxitos y sufrir como nuestros sus dolores y, al tiempo, ayudarle a crecer y ser él mismo, diferente de nosotros.
- Ser padres es asumir un estilo de vida adaptado a las necesidades de mi hijo.
(Texto sacado de Jesús Palacios «La Aventura de Adoptar«2010 Ministerio de Sanidad y Política Social)
Pero en ocasiones, amor y comprensión no lo es todo. En acasiones nuestros niños traen vivencias y experiencias que les marcan en el desarrollo del apego y relación con los demás, en otras somos nosotros lo que no conocemos las herramientas necesarias para que nuestro hijo/a se desarrolle satisfactoriamente para ser feliz. Lo más importante es que seamos conscientes de cuándo necesitamos apoyo de profesionales para que recurramos a ellos y podamos solventar los obstáculos que vayamos encontrando en el camino.
No tengamos miedo de buscar ayuda, nadie nos va a juzgar como padres, lo importate es el correcto desarrollo de nuestros hijos.

