La adopción debe partir del deseo de convertirse en madre o padre
No olvidemos que la adopción está pensada para dar una familia a un niño que los necesita y, por eso, el deseo de paternidad debe acompañar todo este proceso desde el principio y tiene que ser el motor fundamental para la familia.
- Si lo que nos mueve hacia la adopción es sólo ayudar a la infancia necesitada del mundo, será mejor que busquemos una de las muchas vías que hay para hacerlo. En ocasiones, las personas que quieren adoptar están motivadas por sentimientos de solidaridad con la infancia desfavorecida, pero no se debe confundir solidaridad con paternidad. Existen diferentes maneras de ser solidario, pero la adopción no es una de ellas.
- Si lo que nos mueve a adoptar es complacer a otros pero no tenemos muy claro el deseo de ser padres, aún no estamos preparados para dar el paso hacia la adopción. A veces los futuros abuelos o el resto de los hijos presionan para que les demos nietos o hermanitos y eso precipita una decisión que no está asentada en nuestro deseo. Otras veces es la pareja la que, a pesar de nuestra falta de entusiasmo, insiste
en que es lo que él o ella quiere. Sin embargo, cuando el hijo llegue será tan hijo nuestro como suyo y, por eso, el deseo tiene que estar arraigado no sólo en uno sino en cada uno de los padres individualmente. - Si lo que nos mueve a adoptar es solucionar un problema de pareja o un problema familiar tampoco vamos por el buen camino. En estas situaciones, o bien uno de los miembros de la pareja o bien ambos, sueñan que el niño será un proyecto común que los vuelva a unir. Sin embargo, el estrés que conlleva convertirse en padres suele suponer un punto de fricción que potencia las tensiones preexistentes en la pareja y puede acabar por quebrar la relación, sometiendo al niño de nuevo a la pérdida de todos sus referentes vitales.
- Si lo que nos mueve hacia la adopción es aliviar un sentimiento de soledad o de falta de sentido tampoco debemos seguir adelante. El cuidado de un hijo suele reducir más aún los contactos sociales y es muy costoso emocionalmente, por lo que no podrá cubrir nuestras expectativas. Es muy posible que, después de la adopción, sigamos sintiéndonos solos y vacíos en el cuidado del niño y no podamos ofrecerle lo que necesita para crecer.
(Texto extraído de «Adopción Internacional en la Comunidad de Madrid. Guía para orientar a las personas que estén pensando adoptar un niño en el extranjero«. Comunidad de Madrid. Consejería de Políticas Sociales y Familia)
Si bien es cierto que adoptar es ser padres, también es cierto que con la adopción incluimos al niño en toda nuestra familia: será el hermano de mis hijos, el nieto de mis padres, el
sobrino de mis hermanos, etc. Aunque la decisión es profundamente personal y somos nosotros los que asumimos las responsabilidades, es importante saber de antemano qué
piensan sobre nuestra decisión el resto de los miembros de nuestra familia, anticipar cómo les va a afectar la adopción y valorar hasta qué punto su criterio es importante para nosotros.
Si tenemos otros hijos éstos se van a ver afectados por el cambio en la familia y, por lo tanto, su visión de la adopción y su criterio tienen mucha relevancia. Hay que tener en cuenta, por supuesto, la edad de los niños y la diferencia de edad aproximada que van a tener con su nuevo hermano.
En este sentido suele aconsejarse que el niño que llegue sea siempre menor que el último de nuestros hijos. Cuando los hijos son aún niños tendrán que entender que el nuevo hermano va a serlo con todas las consecuencias y que tendrá los mismos derechos (y obligaciones en la medida de su edad y sus capacidades) que ellos en la vida familiar.
Además, las familias con hijos anteriores, ya sean biológicos o adoptados, deberán saber que cada proceso es único e irrepetible. Debemos ser conscientes de que no tenemos todo aprendido y estar abiertos a formarse. El proceso de ser padres adoptivos difiere en gran medida de la paternidad biológica, debemos ser conscientes de sus diferencias para poder enfretarnos a los nuevos retos que esto supone.
Si congtamos con hijos en nuestra familia tenemos que tener en cuenta, además, que algunos países ponen limitaciones en el número de hijos existengtes en el seno familiar para poder adoptar (ver Países en que trabajamos)
APRENDER A DECIR ADIÓS
La mayoría de las familias que se dirigen a la adopción internacional lo hacen como vía alternativa para ser padres cuando la biología ha fallado, muchas veces después de largos,
estresantes y frustrantes procedimientos de diagnóstico y tratamiento de su dificultad. Sin embargo, la adopción no es un tratamiento más, y, por ello, lo primero que hay que hacer para poder adoptar y que la adopción funcione es decir adiós: adiós al hijo que siempre imaginé que tendría, adiós al embarazo, adiós al parto, adiós a ser lo primero que verá mi bebé, adiós a reconocer en el recién nacido lo mejor de mí mismo, de mi pareja o de mi familia. Adiós, en definitiva, a ser padres como los demás de un hijo como los hijos de los demás, de un niño que se parezca a mí.
- Decir adiós es la única manera de poder dar una bienvenida sincera a una experiencia plenamente real pero también distinta de la paternidad biológica, de pensar que adoptar no es un “segundo plato” o un “sustituto” de lo que yo soñé sino, ni más ni menos, otra forma de llegar a ser padres.
- Decir adiós también ayuda a separar la capacidad para procrear, la sexualidad y la capacidad para ser padres. Que no podamos tener un hijo biológico no supone que no podamos tener una sexualidad sana y enriquecedora con nuestra pareja, ni que vayamos a ser malos padres. Es importante poder llegar a separar estas tres cosas que muchas veces tenemos erróneamente mezcladas.
- Para decir adiós es necesario tomarse un tiempo para curar las heridas que la búsqueda del hijo biológico ha podido dejar en nuestros sentimientos, en nuestra relación de pareja y en nuestras relaciones sociales. La prisa es mala consejera cuando de lo que se trata es de preparar bien las fuerzas para acoger y
querer a nuestro futuro hijo. - Las personas que han dicho un adiós sincero a la paternidad biológica no vivirán el proceso de adopción como una técnica de reproducción asistida más, sino que estarán abiertas a aprender, a formarse, a entender este nuevo modo de ser padres y a acoger de corazón al niño que llegue, tal y como es.
- Las personas que han dicho adiós no estarán comparando todo el día a su nuevo hijo con el que imaginan que hubiera nacido de ellos, no vivirán con resentimiento que se hable de la adopción, no se sentirán incapacitados para asumir su nuevo papel de padres ni se sentirán menos padres que los padres que les rodean.
Si lo que nos mueve no es la infertilidad también hay que decir adiós a lo que nos impida ver la adopción como algo nuevo y distinto
Quizás nuestro deseo de tener un hijo no tenga que ver con la infertilidad. Hay personas que adoptan a pesar de no tener dificultades para tener hijos biológicos, porque les parece que construir así la familia será bueno para ellos y para el niño que llegue. Son familias que ya
tienen hijos biológicos, familias monoparentales, familias que viven la adopción como la primera opción para ser padres… Sea de una u otra manera, para adoptar es necesario
estar preparados para una nueva aventura y, por ello, hay que decir adiós a todo aquello que no nos permite comprometernos plenamente con la novedad y la especificidad de este camino.
- Las familias que tienen hijos biológicos tendrán que decir adiós al deseo de repetir la experiencia de la paternidad tal y como ha sido con sus otros hijos. Para estas familias parece que ya está todo aprendido y sin embargo, la experiencia de la
adopción suele resultar una experiencia distinta, con unos retos muy diferentes a los que tuvieron que asumir en su primera paternidad. Especialmente cuando ya han pasado muchos años desde que nacieron nuestros hijos pensamos qué bueno sería repetir aquella época, pero es importante ser conscientes de que eso es imposible, porque ni nosotros somos los mismos ni los niños serán iguales que los que tuvimos. - Otras familias adoptan como vía de sustitución de un hijo que murió y ha dejado un hueco que ya nadie podrá llenar, o de un padre o una madre enfermos que ocupaban todo el tiempo y que, al faltar, han dejado al cuidador sin nadie a quien cuidar, o incluso de un matrimonio recientemente roto. Las familias que han perdido alguien importante hace poco, especialmente las que han perdido un hijo, no deberán adoptar hasta que no hayan resuelto el duelo por el ser querido y por la vida que vivían y que hubieran vivido a su lado. Hay que tener en cuenta que los sistemas humanos nunca son como las piezas de una maquinaria: es imposible que un ser humano encaje perfectamente con el hueco que ha dejado otro.
Para decir adiós hay que tomarse el tiempo necesario
Decir adiós es difícil y doloroso. Es importante tomarse todo el tiempo que se necesite y no dejarse llevar por las prisas ni por las presiones del entorno. Hay que reconocer el grado de dificultad que supone para nosotros dar este adiós porque algunas despedidas son más difíciles y quizás requieran una ayuda profesionalizada.
Tomarnos el tiempo y la ayuda necesaria para hacer un duelo sincero puede ser el primer gesto de amor hacia nuestro hijo.

